Un liderazgo integrador y transformador frente a la “inhumanidad”

#liderazgofemenino #forlawyers

 

Resulta difícil hablar de liderazgo de la mujer en estos días de “inhumanidad”, abatidos por la alteración de la paz, la seguridad y la prosperidad y por el quebranto de los más consagrados derechos, entre ellos especialmente los de las mujeres y los niños. Pero por ello, precisamente, y aunque en estos momentos en otro nivel de prioridad, no podemos dejar de estar al frente, de esta otra lucha pacífica, segura, próspera y garante para la sociedad y para la humanidad donde las mujeres ocupen su lugar, y sean respetadas con dignidad humana y valoradas por su talento singular.

Bajo el convencimiento de que fuese cual fuese el trasfondo del conflicto: económico, de poder, religioso o de cualquier otra índole, en una sociedad humanizada, equilibrada y balanceada entre hombres y mujeres, con toda seguridad no se darían escenarios de esta “inhumanidad”. Por ello, las mujeres debemos estar en las posiciones donde se toman las decisiones y se arman las estrategias.

Hemos avanzado, y hoy en día comienza a no ser novedoso hablar del liderazgo de la mujer en los distintos ámbitos políticos, económicos y profesionales y en las distintas facetas de la vida, y afortunadamente, aunque queda mucho camino por recorrer, comienza a no ser novedoso constatar una realidad: la mujer ya está aquí, las mujeres ya estamos aquí.

La neurología, la piscología y la antropología, confirman al unísono la diferenciación entre mente femenina y la masculina, y sin que una supere a la otra, son dos maneras diferentes de pensar, cada una organiza y procesa la información de manera naturalmente distinta.

  • El pensamiento de la mujer es más global, permanentemente totalizo, hiperconectado, múltiple; tiene visión y una actitud altamente preventiva, más flexible, más adaptable; más intuitivo, imaginativo y creativo en la búsqueda de soluciones, con más iniciativa. La mujer integra, difumina.
  • El pensamiento del hombre es concreto y pragmático, hiperconcentrado; menos integrador, y más cortoplacista, busca la inmediatez y el logro de objetivos; lo explicativo y lo analítico, rechaza lo ilógico e irracional en la toma de decisiones. El hombre fracciona, departamentaliza.

Ambos pensamientos, femenino y masculino, por complementarios, integrados, son capaces de conducirnos en la paz, la seguridad y el progreso.

Por otro lado, los estudios muestran dos tipos de liderazgo, el masculino, y el femenino, con diferencias típicas entre uno y otro. Así:

  • El liderazgo típicamente masculino, es más coercitivo, de estructura jerárquica, basado en el cumplimento de metas y altos estándares de desempeño, mientras que
  • el liderazgo femenino es mucho más relacional, alejándose de la figura autoritaria, buscando crear sinergias y construyendo compromisos en el grupo o en el equipo.

A pesar de esto, no es infrecuente, aunque también cada vez menos, que nos encontremos con mujeres líderes que adoptan un liderazgo típicamente masculino, que ejercen con autoritarismo, probablemente como escudo protector ante un entorno muy masculinizado. Esto podría significar que la manera que han tenido las mujeres de romper ‘los techos”, para ellas y para abrir camino a las demás, ha sido adentrándose en la estructura culturalmente machista identificándose en su comportamiento como ‘un hombre más’.

Afortunadamente seguimos avanzando en la concepción del liderazgo femenino, así, pensemos en tantas mujeres que desempeñan un importante papel en lo político, en lo social, en lo profesional, y como sin perder de vista su rol como mujeres han proporcionado, proporcionan, y seguirán proporcionando, una nueva perspectiva ‘integradora’ de la singularidad de los talentos. El talento femenino es diferente por naturaleza, al igual que lo es el del hombre, y es producto de la propia evolución anatómica y funcional, con un desarrollo en la zona prefrontal en las mujeres, así como el tejido que une ambos hemisferios cerebrales más grueso, lo que facilita la conexión entre ambos y por tanto un pensamiento múltiple, más integrativo.

Mujeres excepcionales por donde las haya, mujeres referentes, que todas y todos tenemos, en particular, en nuestro mundo, el de la abogacía, “integrador” de la singularidad de los talentos, y donde luchamos para no permitimos perder nuestra identidad por el camino. La presencia de la mujer se encuentra en puestos de liderazgo femenino en la abogacía, mujeres en las comisiones colegiales, en las juntas de gobierno, en los decanatos, en las presidencias de los consejos regionales, y en la más alta presidencia, nuestra Presidenta del Consejo General de la Abogacía, Victoria Ortega, el más claro exponente para la abogacía en general -para hombres profesionales y para mujeres profesionales-.

Nuestra presidenta adopta un rol de liderazgo eficaz, de liderazgo en femenino, esto es, desde la concepción de que el liderazgo, es una acción que conlleva sentimientos, actitudes, intereses y valores, que se despliegan a través de las relaciones humanas. Pero el liderazgo de Victoria también implica poder, si bien, entendido como influencia, como liderato -ante la evidencia de que no todas las personas que tienen poder son líderes-. Porque no hay líder si no hay personas que confíen en él, que se sientan comprendidos e inspirados por él, y no hay liderazgo si no hay líder que se comprometa y se identifique con ese grupo, que se sienta parte del mismo para conseguir que se produzca el cambio.

Con frecuencia recurro a la utilización de frases que me llevan a la reflexión, pero otras veces las reflexiones me llevan a una frase, así traigo una a colación: “No permitas que se pierda por el camino la identidad de TU talento femenino como mujer profesional” Sin embargo, no creo que deba pesar, a modo de ‘losa inquebrantable’, la responsabilidad de la mujer de ponerse en valor a sí misma, esta responsabilidad, la de valorar a la mujer, debe ser compartida entre hombres y mujeres, mujeres y hombres, toda vez que este ha de ser el deber, y la obligación para la realidad de una sociedad plural en género como garantía de la paz y la prosperidad.

Precisamente ayer llegó a mis manos esta publicación “Sponsoring Women: What Men Need To Know” de Ida Abbott. Referido al ámbito empresarial, de una manera reflexiva y práctica, aborda cómo los hombres pueden tomar medidas significativas para desmantelar los obstáculos de un nivel de liderazgo dominado por hombres. De tal manera que, trabajando de adentro hacia afuera, los hombres pueden abrir las puertas al increíble talento de las mujeres. “Si bien el reflexivo libro de Ida Abbott proporciona un marco para comprender las complejidades, es sobre todo un libro práctico que brinda herramientas que serán útiles para hombres y mujeres, que reconocen que el avance y la retención de mujeres beneficiarán a sus organizaciones. Útil para cualquiera que se preocupe por el problema y esté en condiciones de hacer algo al respecto”. –Attorney at work-

En conclusión, En una sociedad humanizada, equilibrada y balanceada en posiciones y roles de liderazgo entre hombres y mujeres, con toda seguridad no se darían escenarios de esta “inhumanidad” que vivimos en estos días. Entre hombres y mujeres, mujeres y hombres, necesitamos construir una sociedad de la “humanidad” movida por un nuevo liderazgo integrador y transformador.

Sin transformación no hay cambio, sigamos dando ejemplo desde la abogacía.

Cristina M. Ruiz Pérez

Abogada · » Sostenibilidad Estratégica · Consultants & Lawyers»

Este artículo ha sido publicado por el Consejo General de la Abogacía Española en su blog «Comunicación, Marketing y Coaching»

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